Hoy fue un día en el que simplemente me relaje en cama pensando en nada. Mire YouTube, Facebook y una que otra historia que leer. Jugué un rato con mis bebés en el pasillo, son un par de hurones revoltosos y deliciosos, no hay animal más rico que los hurones... o por lo menos para mi así lo es.
Mis bebés hace poco obtuvieron un regalo, les agrandamos la casa que ellos tenían, ahora pueden trepar por los barrotes de la jaula y entretenerse en eso, obiamente siempre y cuando no estemos en casa.
No entiendo como los humanos merecemos las mascotas. Todo ese cariño incondicional... porque sí, incluso los gatos que no demuestran tanto afecto como los perros nos quieren, yo he llegado completamente triste o enojada a casa, no hay nada en el mundo que logre sacarme de mi estado de ensimismamiento, por lo menos nada que un humano pueda hacer. En esa situación es que cuando veo a mis dos pequeñas bolas de pelo todo lo malo que me ha pasado en el día se va completamente de mi cuerpo, inclusive cuando tengo algún miedo o inseguridad. Ellos me hacen sentir que todo esta bien... Principalmente el primero de nuestros hurones: Bowie, el huron más cariñoso y mejor portado de la vida, claro que Cómo todo animal de repente se pone mañoso y hace pataletas, sobre todo cuando se le acaba la comida del plato. Pero al fin y al cabo es un buen chico y los amo a los dos.
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